El cobre

El cobre

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas personas con artritis juran que su dolor disminuye cuando usan un brazalete de cobre? ¿ O por qué algunas personas quienes han tomado hierro por varios años no logran mejorar sus niveles sanguíneos de hierro? ¿Por qué las mujeres quienes están a punto de menstruar están más expuestas al resfriado o gripe?¿Por qué las mujeres tienen dolor de cabeza frontal cuando están cerca de la menstruación y tienen antojos de chocolate, aguacate o vino blanco? ¿Por qué algunos individuos  desarrollan una forma de daltonismo que causa la dificultad de distinguir ciertas tonalidades del color verde y azul? ¿Por qué algunos se vuelven temperamentales o depresivos después de comer? Las respuestas a esas preguntas podrían centrarse en la cantidad del cobre que circula en sus cuerpos.  

Padecimientos relacionados con la deficiencia del cobre

El contenido ideal del cobre en el cuerpo de un adulto es de 80 miligramos aproximadamente. Los niveles más altos se encuentran en el hígado y el cerebro seguidos por el corazón, los riñones, el páncreas, el bazo, los pulmones, los huesos y los músculos. El cobre es un compuesto básico de varios enzimas celulares importantes como citocromo c oxidasa, superóxido dismutasa, dopamina b hidroxilasa, lisil oxidasa, tirosinasa y monamina oxidasa. La deficiencia o el exceso del cobre pueden interrumpir las funciones de estas enzimas importantes.

Uno de los padecimientos relacionados con el cobre es la anemia.  Cuando está presente la deficiencia de este mineral, el cuerpo tiene dificultades para utilizar el hierro de manera correcta lo que provoca la acumulación de hierro en diferentes áreas de almacenamiento en todo el cuerpo. Eventualmente se desarrolla la anemia incluso si los niveles de hierro en el organismo son adecuados. Frecuentemente el exceso del hierro se acumula en las articulaciones contribuyendo al desarrollo de la artritis. Varios estudios han demostrado que este tipo de artritis es más severo en animales con la deficiencia del cobre. El Análisis del Cabello de los pacientes que padecen artritis reumatoide reportan bajos niveles del cobre.

Las bacterias necesitan hierro para proliferar por lo que durante una infección bacteriana el organismo secuestra hierro de la sangre. Durante el proceso de la infección el hierro se acumula en el hígado, el bazo, los huesos y los tejidos linfáticos. Al mismo tiempo, el organismo moviliza el cobre de los tejidos de almacenamiento. Diciéndolo de una manera sencilla, durante una infección bacteriana, la respuesta normal es una reducción del ratio hierro/cobre sanguíneo.

El cobre, tanto en niveles bajos como altos, puede afectar al sistema nervioso central. Hemos comprobado que los pacientes que padecen desórdenes neurológicos, tales como esclerosis múltiple o Parkinson, usualmente tienen una severa deficiencia del cobre.

Este mineral, también, es un componente crítico responsable de la integridad del sistema cardiovascular. Se requiere una cantidad adecuada del cobre para producir los enzimas necesarios los cuales mantienen, entre otras funciones, el tejido conectivo. Una lista grande de tan temidas enfermedades del corazón como aneurismas, agrandamiento del corazón, insuficiencia cardiaca, infarto y enfermedad isquémica del corazón-resultan de la deficiencia del cobre. Los niveles bajos del cobre son comunes en algunas neoplasias malignas, generalmente en los tipos catabólicos o altamente metastásicos. Los pacientes que sufren de enfermedad de Hodgkin tienen el ratio hierro/cobre elevado, especialmente en los ganglios linfáticos.

Desafortunadamente, hoy en día, la toxicidad por cobre en Estados Unidos es muy común. Las zonas cuyos suelos tienen cobre alto o bajo zinc determinan que los habitantes tienen la cantidad excesiva del cobre en sus organismos.

Cabe mencionar que el estrógeno está estrechamente unido al cobre pues cuando el primero se incrementa también lo hace el segundo. El cobre se excreta normalmente vía cálculos biliares.

Los altos niveles del cobre acompañados de zinc bajo influyen en varios padecimientos como infecciones bacterianas y virales, proliferación de hongos y levaduras, escoliosis, funciones neurológicas y endocrinas (tiroides y adrenales).